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OPINIÓN | A 10 años del gran evento de marea roja de 2016: ¿estamos preparados para enfrentar un nuevo episodio de similar magnitud?

Compartimos columna de opinión escrita por el Dr. Patricio A. Díaz, investigador del Centro i~mar, Universidad de Los Lagos

Ambos eventos FAN fueron modulados por anomalías hidroclimáticas extremas, generadas por la coocurrencia durante verano de las fases positivas del ENOS (El Niño Oscilación de Sur) y el SAM (Modo Anular del Sur), proporcionado condiciones ambientales óptimas y el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de este tipo de microalgas. En este sentido, cobra alta relevancia la alerta emitida por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su sigla en inglés) respecto de la alta probabilidad de ocurrencia de un evento EL Niño. Los últimos reportes de la NOAA (agosto 2026) señalan que El Niño se está fortaleciendo (anomalías en las temperaturas de superficie oceánicas superiores a +2.0°C en el Pacífico ecuatorial), con una probabilidad mayor del 90% de un evento muy fuerte durante el primavera y verano del del Hemisferio Sur 2026-27. Así, bajo este escenario climático adverso y propicio para la proliferación de FAN es válido preguntarse qué tan preparados estamos para enfrentar un nuevo episodio de similar magnitud al ocurrido en 2016.

El grupo de expertos que conformaron la Comisión de Marea Roja en 2016 y que analizó en profundidad el evento, propuso 12 recomendaciones al Estado de Chile para afrontar de mejor forma futuros eventos de este tipo. Esta comisión, si bien destacó la fortaleza a nivel país dadas las capacidades de poder prevenir efectos sobre la vida de las personas, lo que se tradujo en la ausencia de víctimas fatales, considerando la intensidad del evento, también detectó debilidades en el sistema para avanzar en el mejoramiento de capacidades y herramientas predictivas confiables a objeto de disminuir y mitigar los efectos. A más de 10 años del gran evento de 2016, es importante destacar que se ha avanzado mucho en el cumplimiento de estas recomendaciones, como son la implementación de un sistema de monitoreo en la costa oceánica. Este último fue implementado en 2018 y es ejecutado por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y financiado por el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo (MINECON), cubriendo la costa expuesta del océano Pacífico del centro sur de Chile (36°-43°S).

Otra importante recomendación fue, instalar y mantener una red pública de monitoreo ambiental y climático en el sur de Chile, que permita generar series de tiempo de observaciones sistemáticas y sostenidas en el tiempo. En este sentido, el DS 1/2020 del MINECOM que aprobó el reglamento de control en línea de parámetros ambientales de las agrupaciones de concesiones de acuicultura permitió incrementar significativamente la red de observación hidroclimática en el sistema de fiordos y canales de la Patagonia. Esta información recopilada y de acceso libre a toda la comunidad está permitiendo conocer las condiciones ambientales en tiempo real de diferentes zonas de la Patagonia. Sin embargo, la continuidad en el tiempo de este sistema es clave para obtener buenos resultados. Sumado a lo anterior, el desarrollo de modelos hidrodinámicos validados de alta resolución en gran parte del sistema de fiordos, permite contar actualmente con mejores herramientas que hace 10 años. Sin embargo, la principal interrogante sigue siendo, cual será el destino final de una potencial mortalidad masiva de salmones en el futuro. Considerando las repercusiones sociales, ambientales (muchas aún desconocidas) y políticas del vertimiento de un importante porcentaje de peces muertos en el océano, es poco probable que se autorice algo similar en el futuro. Otra alternativa que se ha planteado es el vertimiento de esta mortalidad en zanjas terrestres, sin embargo, es un tema que reglamentariamente aún no está resuelto. Por ahora, lo importante es estar alerta y mantener el monitoreo constante de las variables criticas para el desarrollo de eventos FAN y consolidar la colaboración público-privada, la cual es clave para afrontar eventos de este tipo y reducir sus impactos.

OPINIÓN | A 10 años del gran evento de marea roja de 2016: ¿estamos preparados para enfrentar un nuevo episodio de similar magnitud?

Compartimos columna de opinión escrita por el Dr. Patricio A. Díaz, investigador del Centro i~mar, Universidad de Los Lagos

Ambos eventos FAN fueron modulados por anomalías hidroclimáticas extremas, generadas por la coocurrencia durante verano de las fases positivas del ENOS (El Niño Oscilación de Sur) y el SAM (Modo Anular del Sur), proporcionado condiciones ambientales óptimas y el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de este tipo de microalgas. En este sentido, cobra alta relevancia la alerta emitida por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su sigla en inglés) respecto de la alta probabilidad de ocurrencia de un evento EL Niño. Los últimos reportes de la NOAA (agosto 2026) señalan que El Niño se está fortaleciendo (anomalías en las temperaturas de superficie oceánicas superiores a +2.0°C en el Pacífico ecuatorial), con una probabilidad mayor del 90% de un evento muy fuerte durante el primavera y verano del del Hemisferio Sur 2026-27. Así, bajo este escenario climático adverso y propicio para la proliferación de FAN es válido preguntarse qué tan preparados estamos para enfrentar un nuevo episodio de similar magnitud al ocurrido en 2016.

El grupo de expertos que conformaron la Comisión de Marea Roja en 2016 y que analizó en profundidad el evento, propuso 12 recomendaciones al Estado de Chile para afrontar de mejor forma futuros eventos de este tipo. Esta comisión, si bien destacó la fortaleza a nivel país dadas las capacidades de poder prevenir efectos sobre la vida de las personas, lo que se tradujo en la ausencia de víctimas fatales, considerando la intensidad del evento, también detectó debilidades en el sistema para avanzar en el mejoramiento de capacidades y herramientas predictivas confiables a objeto de disminuir y mitigar los efectos. A más de 10 años del gran evento de 2016, es importante destacar que se ha avanzado mucho en el cumplimiento de estas recomendaciones, como son la implementación de un sistema de monitoreo en la costa oceánica. Este último fue implementado en 2018 y es ejecutado por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y financiado por el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo (MINECON), cubriendo la costa expuesta del océano Pacífico del centro sur de Chile (36°-43°S).

Otra importante recomendación fue, instalar y mantener una red pública de monitoreo ambiental y climático en el sur de Chile, que permita generar series de tiempo de observaciones sistemáticas y sostenidas en el tiempo. En este sentido, el DS 1/2020 del MINECOM que aprobó el reglamento de control en línea de parámetros ambientales de las agrupaciones de concesiones de acuicultura permitió incrementar significativamente la red de observación hidroclimática en el sistema de fiordos y canales de la Patagonia. Esta información recopilada y de acceso libre a toda la comunidad está permitiendo conocer las condiciones ambientales en tiempo real de diferentes zonas de la Patagonia. Sin embargo, la continuidad en el tiempo de este sistema es clave para obtener buenos resultados. Sumado a lo anterior, el desarrollo de modelos hidrodinámicos validados de alta resolución en gran parte del sistema de fiordos, permite contar actualmente con mejores herramientas que hace 10 años. Sin embargo, la principal interrogante sigue siendo, cual será el destino final de una potencial mortalidad masiva de salmones en el futuro. Considerando las repercusiones sociales, ambientales (muchas aún desconocidas) y políticas del vertimiento de un importante porcentaje de peces muertos en el océano, es poco probable que se autorice algo similar en el futuro. Otra alternativa que se ha planteado es el vertimiento de esta mortalidad en zanjas terrestres, sin embargo, es un tema que reglamentariamente aún no está resuelto. Por ahora, lo importante es estar alerta y mantener el monitoreo constante de las variables criticas para el desarrollo de eventos FAN y consolidar la colaboración público-privada, la cual es clave para afrontar eventos de este tipo y reducir sus impactos.